El paisaje de la velocidad y lugar del tránsito.

La antropización progresiva del paisaje es un fenómeno inherente a la civilización; en la medida que ocupamos territorio, convertimos lo natural en un medio humanizado y configuramos un sistema cada vez más especializado de “domesticación” del espacio; acostumbramos nuestra percepción del espacio a asumir la presencia de nuevos elementos, diseñamos el entrono según lo que se requiere, en base a la técnica y los materiales que se disponen y se le da forma acorde a la función. Como civilización se ha logrado reproducir en el entorno lo que existe en el imaginario colectivo, en el registro psíquico humano; construimos sueños, deseos, anhelos, hacemos del entorno un concepto cada vez más elaborado, distintivo y repleto de contenidos de todo tipo, así son definidos dentro del entender de la arquitectura, la ingeniería, del urbanismo, de la sociología, de la antropología, del paisaje.

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Arquitectura del tránsito, Nápoli / Fuente: architectureoftransit

Algunas intervenciones en el entorno hacen saltar la alarma, la afectación en el paisaje, en el medio urbano y el impacto negativo, son algunos factores susceptibles de intervención práctica y de reflexión; pero más allá de la incidencia negativa (salvo casos graves) está el poder enigmático que ciertos elementos ejercen en la psiquis del colectivo y que son capaces de captar la atención, haciendo referencia al elemento antropizador como objeto de culto, impacto visual, peso y materia, a través del cual entender la posible existencia de otra dimensión del espacio que ocupan.

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El diálogo entre elementos urbanos. Salerno / Fuente: architectureoftransit

Es la dimensión del lugar que ocupan, el espacio creado por semejantes estructuras que se abren a paso largo sobre el territorio, variando forma, altura, textura, material, enmarcando lugares, estableciendo un diálogo ambiguo, contradictorio, paradójico con el paisaje y el entorno urbano.

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Genova / Fuente:architectureoftransit

Caminos de la velocidad, cicatrices de la tierra, arterias del territorio… (Nos detenemos aquí, si, en las arterias) Sobre ”las arterias” es posible que Lynch, con razón, acusara de “inadecuada” las analogías referidas al cuerpo y lo orgánico con la ciudad y sus elementos, pero si bien las ciudades están hechas a partir de un conglomerado de partes, factores, elementos (como bien expone Lynch, en muchos casos inclasificables e indefinibles) elaboradas desde los distintos campos del pensamiento, de la ejecución y planificación en todo el diámetro de nuestro quehacer, es obvio (con perdón) que se recurra de forma tan elemental a establecer semejantes analogías en el entender del entorno construido -a pesar de ser inanimado- como un ente complejo, tanto como un organismo vivo; en esta línea, Eliel Saarinen, entre un destacado grupo de expertos afines a la ecología urbana, entendía la ciudad como un complejo orgánico desde donde las ideas sobre la arquitectura y el urbanismo tenían un enfoque muy cercano a la naturaleza, visión orgánica, desde donde la comprensión del entorno tenía un carácter más “sensible”, ahora muy necesario para reflexionar en el campo del paisaje, aunque nos tilden de vagos o artistas…

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izda. Pontebba – dcha. L´aquila. / Fuente: architectureoftransit

Volviendo a los caminos de la velocidad y sobre los millones de kilómetros de asfalto que le dan paso a las ruedas de los motores, es interesante encontrarse con una visión paralela al caos, desde donde se produce la exaltación del objeto más que objeto en si mismo, un elemento capaz de establecer la “narrativa del paisaje”; a partir de aquí se podrían apartar todos los calificativos que se ha ganado tal objeto pues desde la “narrativa” las infraestructuras viarias acusan también una dimensión onírica, surrealista, aunque en la ciudad -paisaje urbano- y en el paisaje natural constituyan la paradoja de la contemporaneidad… Artefacto estático del ajetreo veloz, es posible creer en un potencial enorme de integración.

“En nuestra cultura han surgido algunos sentimientos comunes, como la atracción por los paisajes parecidos a los parques y por las ciudades pequeñas. Pero nos encontramos con apabullantes complicaciones. Estas preferencias son un producto complejo de muchos factores personales y físicos, en los cuales el significado simbólico de un sitio puede ser mucho más importante que su adecuación real”. Lynch, Kevin.  La buena forma de la ciudad.

Éstas imágenes exaltarían los ánimos de Le Corbusier…

5 comentarios en “El paisaje de la velocidad y lugar del tránsito.

  1. Muy cierta tu crítica, pero deja muchas preguntas. ¿Es realmente humano este paisaje o suprahumano? ¿A quién o a qué sirven estas superestructuras? ¿Cuales intereses benefician esta violación en el paisaje? Todo apunta a que los lobbys de las gigantescas compañias fabricantes de autos son las que han influido en la construcción directa o indirectamente de la mayoría de nuestros paísajes, tanto en los países industrializados como en los que aspiran serlo. Las ciudades se han vendido a las compañias como Ford y ni nos enteramos.

    • “¡Mirad, yo os enseño el superhombre! El superhombre es el sentido de la tierra. Diga vuestra voluntad: ¡sea el superhombre el sentido de la tierra! ¡Yo os conjuro, hermanos míos, permaneced fieles a la tierra y no creáis a quienes os hablan de esperanzas sobreterrenales! Son envenenadores, lo sepan o no. Son despreciadores de la vida, son moribundos y están, ellos también, envenenados, la tierra está cansada de ellos: ¡ojalá desaparezcan!”. Fragmento de “Así habló Zaratustra”.

      Jorge, son muy interesantes tus interrogantes. Creo que el entorno antropizado constituye una fuente inmensa de cuestionamientos y es a base de éstos, en forma de observación y análisis, que conseguimos más conocimiento y por tanto implicación. Sobre lo humano o suprahumano no he podido evitar citar al inicio a Nietzsche, y desde ese breve párrafo se podría iniciar una candente dialéctica sobre el asunto, pero directamente sobre la pregunta, ya tenemos la respuesta a como acertadamente calificas el paisaje, allí donde tocamos, transformamos. Luego el proceso de desarrollo en el modo de hacer, se parece un poco al “método heurístico” o “ensayo-error” y en adelante hemos avanzado con un sistema que ha ido un poco a la deriva en ese sentido; es quizás ahora que con un nivel de conocimiento y especialización más avanzados sea posible evitar resultados de tan negativo impacto. En cuanto a “quién o a qué sirven”; el “a qué”, es una cuestión que pivota por un lado en los intereses especulativos sobre el territorio, en donde entran en comunión lo político con lo económico, ahora financiero, que definen la forma de planificar y ejecutar y por otro lado en la necesidad de conexión, construcción y desarrollo, que tiene que ver con lo social como hecho antropológico; a “quién o quienes” es el lado más susceptible, sirven a los ciudadanos, nosotros usamos estas infraestructuras, nos dan servicio, que luego nos horroricemos es otro tema, en este estado de “horror” nos cuestionamos el entorno, entendemos, en este caso por ejemplo, que el paisaje ha sido expoliado de alguna manera, pero ¿Cuál es ese sentido concepto del paisaje que al ser confrontado nos exalta la vena de la indignación? … Ahora podríamos continuar indefinidamente… Si las ciudades se han vendido es porque este artefacto en el que habitamos es el lugar de la negociación, a sabiendas de que nos sometemos a leyes que nos permiten ser ciudadanos. Cada vez más estamos dispuestos a involucrarnos en todos los ámbitos que afectan nuestro entorno, así desde la civitas romana hemos recorrido un largo camino de acuerdos, con victorias y derrotas, pero cada vez más claro. Y sobre lo de Ford, también hay para otro rato.

  2. Las imágenes me recuerdan el efecto de los acueductos romanos que discurren por el paisaje y/o por las ciudades llevando el vital fluido, por ejemplo, si incluyes una foto del Acueducto de Segovia se demuestra lo antiguo de la tesis expuesta.

    • ASC, ciertamente antigua pero recurrente y en cuanto a lo segundo creo que los postulados sobre el tema no pierden validez al contrario creo que ganan, apoyados en la evidente reincidencia manifiesta en la forma de ocupar el territorio… Por lo visto no hemos aprendido nada. Ahora se admiran y respetan los restos de aquellas Grandes obras de infraestructura otrora también invasoras del paisaje… ¿Estarían “horrorizados” los pobladores de aquellos tiempos?

  3. Bueno, la diferencia es enorme, de cota, de ruido, peligrosidad, función, contaminación atmosférica, belleza, escala, esbeltez, alteración del paisaje y pertinencia. No encuentro el parecido, quizás retocando la imagen, su sombra, pero su significado urbano tan diferente, no tengo ambas experiencias vitales para recordar, su breve contemplación de lugares y momentos diversos no me sirven.
    Creo que no.
    Son bien distintos. Traer agua o velocidad, traer civilización al lugar o atravesar el lugar al precio que sea, allí abajo, pasar, sin saber que sucede a nuestros pies. ¡Que velocidad! ¡Pasan!

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