De las ciudades a los territorios creativos

Artículo que escribí para el blog de Arquitasa. Al final del texto encontrarán el link para leer el artículo completo.


Crear es una acción que refiere la producción de algo nuevo; la creatividad es una capacidad basada en la asociación de ideas y conceptos. Las ciudades constituyen entornos donde las ideas, los conceptos, la información y los flujos promueven sinergias y generan el vasto y rico contenido social que nos define como civilización.

Sin embargo, tenemos en cuenta que el hecho urbano no siempre proyecta luces. Por ejemplo, la urbanización es un fenómeno que produce un doble discurso; por un lado nos habla del crecimiento como símbolo de avance, propio de un sistema emergente; y por otro, nos hace cuestionar el impacto del éxodo rural en la dimensión del pueblo, en su tejido social y en la escala del territorio. ¿Por qué la gente prefiere la ciudad? La pregunta tiene respuestas predeterminadas: el factor económico, la búsqueda de empleo y de mejores condiciones de vida. Sin embargo, algunos analistas urbanos consideran que éstos no son los principales factores que determinan el éxodo rural.

En el proceso de desarrollo y declive de las zonas urbanas encontramos los rastros de las dinámicas que modifican el territorio. A un ritmo irregular y al paso de las civilizaciones los núcleos urbanos cambian, porque —entre otros múltiples factores— el comportamiento y las decisiones de sus habitantes se modifican en función de procesos y actividades dentro de un complejo sistema social. Con la urbanización se puede observar parte de la historia de las ciudades y analizar los procesos por los que, por ejemplo, la explosión demográfica, el comercio y el desarrollo tecnológico han redefinido ciudades y territorios; un proceso que desvela una complejidad basada en patrones que se establecen en un intricado y sinérgico caos causado por millones de seres creativos, interconectados y con acceso a nuevas y distintas herramientas.

Una de las respuestas a la cuestión del éxodo rural refiere la necesidad de intercambio, de vivir en grandes grupos y de la búsqueda de una vitalidad y unas emociones propias de las metrópolis, aún cuando la elección vaya en detrimento de perder el espacio individual para volverse anónimo. En este proceso la sociedad está experimentando uno de los momentos de mayor apertura, visibilidad, liberación, conexión y comunicación de la historia, no sin padecer también las más brutales represiones. El atractivo de las ciudades radica en la oferta de la lógica existencial de la insatisfacción; un elemento que cataliza con la capacidad de un gran espacio de contener flujos, ideas, intereses, información, emociones y bienes. La suma de variables y características definen a la ciudad como un súper-organismo, un ente creativo.

Las neuronas conforman un sistema emergente, reciben estímulos y conducen impulsos nerviosos; una analogía del funcionamiento de un súper-organismo. Fuente: medium.com

Las neuronas conforman un sistema emergente, reciben estímulos y conducen impulsos nerviosos; una analogía del funcionamiento de un súper-organismo. Fuente: medium.com

La ciudad posee las propiedades de un organismo emergente, como las de una colonia de hormigas o un cerebro, porque la condición de «emergente» refiere un sistema complejo de adaptación capaz de resolver problemas a partir de la transferencia de información, sin necesidad de recurrir a la inteligencia. Este comportamiento, que se desarrolla lejos de la jerarquía, revela la capacidad de organización de un colectivo sin la injerencia de órdenes, instrucciones o leyes dadas por un sujeto superior; es por esto que las ciudades son entornos creativos y con capacidad para aprender. Pero, ¿pueden aprender las ciudades? Sobre ésta sugerente hipótesis, el divulgador científico Steven Johnson hace una relación de ejemplos en los que intenta comprobar que las ciudades aprenden [1].

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*Éste artículo fue escrito por Sabrina Gaudino Di Meo para el blog de Arquitasa