Valencia, de la ciudad a la huerta

En 1950 se tenían datos sobre la pérdida de un 10% de la huerta valenciana, posteriormente datos tomados en 2006 revelaron que hasta esa fecha la huerta se había reducido en un 30% al paso de la urbanización.1 Con el ancestral requerimiento de prever un aumento poblacional (antes quizá con más fundamentos que ahora) se da paso a un período de no retorno donde prima la urbanización desmedida a costa de espacios agrícolas. La mancha urbana va en aumento a la vez que la huerta se queda en desuso como consecuencia de las dinámicas económicas en las que la producción local se ve presionada por sectores foráneos de mayor competitividad. En esta circunstancia político-económica las tierras fértiles y necesarias para el desarrollo de un rubro económico imprescindible y local pierde fuerza ante la industria inmobiliaria. Por otro lado la falta de relevo generacional en un contexto donde se ha incentivado progresivamente la expulsión de los trabajadores del campo a la ciudad, por la misma complejidad del engranaje urbano contemporáneo, han configurado una realidad desfavorable. A medida que la vida del campo se pierde, la huerta pierde su valor cultural e histórico.

Evolución del área metropolitana. El asentamiento urbano: previsión de crecimiento. Fuente: Documento del PATH

Evolución del área metropolitana. El asentamiento urbano: previsión de crecimiento. Fuente: Documento del PATH

La huerta de Valencia constituye uno de los paisajes periurbanos de mayor interés cultural. La historia de la ciudad se teje inevitablemente con la huerta que a lo largo de doce siglos con sus respectivos períodos modeló la vida, las costumbres, la cultura y la economía de Valencia. La huerta constituye una morfología de carácter propio cuyo origen se encuentra en el período musulmán, conviviendo al paso de los sucesivos períodos con la sociedad feudal medieval y moderna y la burguesa contemporánea. 2

Parcelario de la huerta valenciana. Fuente: Documento del PATH

Parcelario de la huerta valenciana. Fuente: Documento del PATH

El espacio agrícola que configura la huerta es una estructura rural compuesta por distintos elementos representativos de este paisaje. El sistema de regadío que comprende toda la infraestructura hidráulica está a su vez compuesto por varios elementos, de lo cuales el más representativo y de carácter estructural son los canales de riego o acequias, que componen una trama en el territorio hortelano. Otro elemento es el sistema de caminos y sendas, que determinan una segunda trama; por otro lado están las edificaciones relacionadas a la huerta (alquerías, barracas, molinos, masías); y finalmente un cuarto elemento, el parcelario, que compone una retícula derivada de la red de acequias. Es a partir de éstas que se disponen perpendicularmente las divisiones irregulares de cada espacio de trabajo.

Conjunto de Barracas en la huerta valenciana. Fuente: Rosa Pastor."El Cabanyal: Lectura de las estructuras de la edificación. Ensayo tipológico residencial 1900-1936" (Tesis doctoral).

Conjunto de Barracas en la huerta valenciana. Fuente: Rosa Pastor.”El Cabanyal: Lectura de las estructuras de la edificación. Ensayo tipológico residencial 1900-1936″ (Tesis doctoral).

El paisaje antrópico que compone la huerta, caracterizó a la ciudad de Valencia hasta finales del siglo XIX, cuando el derribo de la muralla determinó el crecimiento urbano de la ciudad. Valencia dejaba de ser un núcleo amurallado con miras a expandirse más allá de los límites que definía el extrarradio de su circunscripción feudal. La revolución burguesa y la industrialización determinaron el rumbo económico de la urbe, lo que incidió en la morfología urbana de la ciudad contemporánea.

Durante la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX la ciudad crece a un ritmo relativamente acompasado y los criterios de expansión abordan el núcleo y su periferia en una fase de apropiación urbana. La ciudad comienza a definir su morfología bajo los preceptos higienistas propios de la modernidad y con la previa llamada a expansión y la adhesión de varios municipios a la ciudad de Valencia, la huerta comienza a verse afectada en términos de hectáreas. El período de crisis que asoló la primera mitad del siglo XX propició que la tierra se convirtiera en un producto sensible de especulación.

Este proceder fue desarrollado sin menoscabo y con carácter legislativo en la aprobación de los sucesivos Planes de Ordenación (1946, 1966, 1988) en los cuales el suelo figura como el principal motor económico pero no en el sentido agrario, no se habla del suelo como fuente de producción, sino como un producto para el mercado de explotación especulativa. Se promueve la incompatibilidad de usos, a la vez que las dinámicas económicas promueven el abandono de las tierras, las infraestructuras dividen el territorio, deteriorando el paisaje y se muestra indolencia en la consolidación y sutura de los bordes y límites que se definen entre lo urbano y lo rural. En lo sucesivo observamos cómo el proceso planificador configuró un territorio fragmentado y disociado de su huerta en el intento de producir una ciudad compatible con requisitos industriales-comerciales y estándares de metrópoli (número de población, vivienda, equipamiento, infraestructura, industria, etc.) definiéndose como el período de mayor merma de los espacios agrícolas, como se ha referido al principio.

Con la figura del Convenio Europeo del Paisaje se han tomado posturas sobre la protección, planificación, revalorización y gestión de los paisajes europeos, y en esta línea aparece en 2008 la versión preliminar del Plan de Acción Territorial de Protección de la Huerta de Valencia (PATH), un documento que se apoya en una solicitud de protección en la Ley de Ordenación del Territorio y Protección del Paisaje. Sin embargo la aprobación del PATH está en suspenso y no posee carácter de ley; la huerta sin la protección de una figura legislativa difícilmente pueda contener el embate urbanizador.

Aunque estos instrumentos nos sitúan en un presente en el que se considera el valor de estos espacios agrícolas como parte de la “cultura del territorio”, la paradoja estriba en la ausencia de coordinación, o de interés, de engranar los instrumentos con las políticas de ordenación del territorio. Así lo manifiesta la actual revisión del PGOUen fase de exhibición pública, en el que se reclasifican 415* hectáreas de huerta con la excusa de una supuesta necesidad de 17.000 viviendas. En un escenario de contracción económica post-burbuja, a la par de una determinante disminución de la población en la comunidad valenciana, los datos parecen no coincidir con la previsión de crecimiento que estima el planeamiento. La previsión de aumento de la población urbana, lanzar el anzuelo de la promoción de viviendas para una población ficticia y la supuesta necesidad de nuevas infraestructuras nos recuerda el peligro de proyectar por encima de lo requerido.

Continúe leyendo este artículo en La ciudad Viva -> http://www.laciudadviva.org/blogs/?p=27564

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Este artículo fue escrito por Sabrina Gaudino para La Ciudad Viva

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Un comentario en “Valencia, de la ciudad a la huerta

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