El uso de la bicicleta es cuestión de cultura

Ciclistas: llueva, haga sol o una nevada. Fuente: Mikael Colville-Andersen https://www.flickr.com/photos/16nine/4368136709/sizes/l

Ciclistas: llueva, haga sol o una nevada. Fuente: Mikael Colville-Andersen https://www.flickr.com/photos/16nine/4368136709/sizes/l

En varias oportunidades algunas personas de mi entorno me preguntan cómo puedo ir siempre y a todas partes en bicicleta, todos los días del año, con lluvia, con frío en invierno, con calor en verano, subida en tacones de 10 cm, con falda o con una gripe de estar en casa… Yo, atónita, respondo que no hay un “cómo” sino un “por qué”. Porque hago ejercicio, porque me siento libre, porque no dependo del horario del autobús ni del metro, porque gran parte de mi vida dependí del automóvil para moverme en la ciudad (me reivindico) y sobre todo porque ¡no contamino! Al menos en el aspecto movilidad mis emisiones son cero.

Según la RAE, cultura es  un “conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.”, y el “conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico.” En este sentido todo el conocimiento de lo que ocurre en nuestro medio nos permite ser juiciosos en nuestra forma de actuar, en este caso sobre qué medios de transporte utilizar.

El uso de la bicicleta depende en gran medida de la infraestructura viaria existente y habilitada para asumir este medio de transporte, pero no nos engañemos, se puede circular en bicicleta por casi cualquier lugar, eso si, respetando las aceras, las ordenanzas en zonas peatonales y sin poner en peligro la vida. A pesar del estado fetal de las leyes que afectan el uso de la bicicleta y de las que amparan al ciclista y por otro lado la precaria red de circuitos ciclistas o carriles bici en muchas ciudades del mundo, la iniciativa de muchos ciudadanos que miran la bicicleta como una alternativa de transporte sostenible va en aumento y es exponencial. Los ciudadanos son conscientes que un cambio de actitud responde a una mejora sustancial de la calidad de vida en las ciudades.

Siempre insisto en este concepto ¡calidad de vida! que es igual a bienestar y salud, que a su vez es inmanente al estado del entorno (medio natural, recursos naturales…) por tanto lo asocio a múltiples funciones urbanas, a patrones de conducta y actividades, a formas de vivir y usar lo que la ciudad nos obliga o nos ofrece usar, y cuando de movilidad se trata podemos elegir qué medios utilizar para aportar nuestro granito de arena en disminuir esos índices de la huella ecológica y aumentar la calidad de vida.

Ver a ciclistas que habitan en latitudes donde el clima es realmente “extremo” circular por sus calles, donde frío es igual a nevada y grados bajo cero, reafirma mi idea de que el uso de la bicicleta es una cuestión cultural. Más que estilo de vida es un estado-nivel de conciencia sobre nuestros patrones de uso-consumo y sobre cómo impactamos el medio ambiente.

Les dejo un enlace que encontré en copenhagenize, el video simplifica todo lo que he comentado. Ciertamente una imagen vale más.

 

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