La observación del espacio

El tema de la observación, en este segmento, está relacionado con la historia relatada en el libro  “El Perfume”, del escritor alemán Patrick Süskind; el punto de enfoque se centra en las relaciones perceptivas del espacio en torno a la particular característica del personaje principal:

Jean-Baptiste Grenouille, un ser carente de olor personal, no dejaba rastro o huella de su presencia, sin embargo la completa ausencia de sus efluvios se traducía, a favor, en una increíble capacidad de conocimiento del mundo a través del olfato, una forma de percibir y reconocer su entorno de una manera distinta: por el olor. Todo cuanto le rodeaba era eficaz y precisamente descifrado y definido de acuerdo a su composición material química; tiempo y espacio a través de su nariz, de su olfato. Conocía a profundidad los lugares porque éstos tenían aromas particulares, al igual que el olor distintivo de las personas; podía saber la composición de un perfume sin siquiera tener su fórmula y conocía las cantidades de cada uno de sus componentes, y así con todas, absolutamente todas las cosas que le rodeaban. El entorno para Grenouille era distinto desde ese punto de “vista”, el olfativo. 

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Percepción Espacial. s.gdm archivo personal

Cuando se piensa en la palabra observación, se relaciona con la vista, la percepción del mundo a través de las formas y los colores; aquí radica el tipo de sensación como respuesta a un estímulo filtrado por determinado órgano receptor, por tanto el modo de relacionarnos con el entorno va en consonancia a cómo percibimos el entorno a través de los receptores sensoriales de los que disponemos. Aunque somos máquinas receptoras de cinco sentidos y estamos rodeados de estímulos de todo tipo que desencadenan ámbitos de percepción para cada uno de nuestros sentidos, el de la vista es el más usado, la configuración del entorno se traduce  en un sistema visual en el que la vida humana en su amplia diversidad se fundamenta en ese sentido de percepción. En el caso de Grenouille, se podría decir que “observa”  de acuerdo a cómo o qué huele, el mundo es lo que es por su olor, con lo que la percepción del espacio, del tiempo y de las cosas debe tener una configuración distinta a la que se reproduce cuando sólo se agudiza un sentido.

Observar sin mirar… Para la mayoría es difícil explicarlo con exactitud, porque se carece de un audaz sentido del olfato, pero de acuerdo a la historia de Grenouille, e incluyendo en la situación aquellas personas que perciben al mundo por el olfato (o por los sonidos)*, se puede intuir que la relación con el mundo es mucho más íntima, no hay geometría definida, sino volúmenes, el espacio es en la práctica tan abstracto como su concepto, pero llenos de vida, porque estos contienen olor, tienen esencia. Los colores se vuelven fragancias que pueden animar o entristecer, las formas son la esencia aromática de las cosas y todo gira en mundo de infinitas posibilidades olfativas. Se podría redundar en el valor sinestésico del espacio.

* Referente a la percepción de los sonidos, que también configuran el espacio en su dimensión sónica y en relación a la percepción del espacio a través de los sentidos y de la sinestesia como sensación subjetiva, Neil Harbisson es un interesante artista que a través de su condición nos presenta una maravillosa forma de transformación de los colores en sonido, aquí el enlace:

CYBORG FOUNDATION | Rafel Duran Torrent from Focus Forward Films on Vimeo.

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