El mínimo espacio, una casa de 30m2

Hace unos años se encendió la polémica en España en torno al tema de la vivienda protegida, en la que se proponía como fórmula y solución “momentánea” -para dar acceso a la vivienda a jóvenes y desfavorecidos- modificar la legislación para construir viviendas de 30 m2.

Aunque polémico, el planeamiento de habitar el mínimo espacio puede objetarse o asumirse; las nuevas dinámicas económicas llevan inevitablemente a plantear un nuevo sistema de vivienda y habitar, que según sea el punto de vista, los tan codiciados metros cuadrados bien podrían ser de libre elección; sin embargo la iniciativa por parte del “padre estado” de querer hacer asequible la vivienda a través de una propuesta de este tipo sonó en aquel momento a “solución parche”. Por un lado, el problema de la vivienda no se resuelve haciendo casas más pequeñas, con reducir el metro cuadrado construido lógicamente se reduce el precio final, pero con esto no se está acabando con el origen del problema que radica en la especulación urbanística gestada desde los modelos de clasificación y calificación urbanística y la ausencia de una eficaz política de planificación dependiente de la ordenación territorial.

Dejando atrás las polémicas, es interesante, por otra parte, entrar en las propuestas elaboradas en base a la determinante de los 30 metros cuadrados habitables, todas la imágenes que se exponen a continuación son extraídas del siguiente enlace:

http://www.elmundo.es/fotografia/2005/04/apartamentos/gobierno/index.html

ANNE LACATON Y JEAN PHILIPPE VASSAL

MIQUEL SUAU MARTORELL  GUSTAVO GILI.IÑAKI ÁBALOS Y JUAN HERREROS.   SANTIAGO CIRUGEDA.

En relación a las propuestas, cualquiera diría que es posible habitar en una “madriguera” de 30m2. La cuestión no es creer que la reducción de metros habitables reduce la calidad de vida, sino pensar y con ello creer, que nuevas propuestas pueden dejar espacio para generar alternativas asequibles y coherentes con necesidades actuales y particulares, pues la vivienda como producto y necesidad debe diseñarse de acuerdo a demandas reales, siempre contemplando criterios éticos de diseño, sostenibilidad, habitabilidad; en este sentido la idea de reducir el espacio de la vivienda no sería polémico si se entendiera que las nuevas dinámicas económicas a las que estamos sometidos nos llevan cada vez más a habitar menos tiempo el hogar y con esto a requerir de menos espacio para vivir, con lo que la casa del siglo XXI es igual a dormitorio.

Aquella imagen de la “familia tipo” de los años 50 que se mantuvo vigente por casi tres décadas es parte de un pasado insostenible en todos los aspectos; las nuevas dinámicas sociales nos llevan a estar más tiempo fuera de casa, los objetos utilitarios que arman los hogares actuales son de dimensiones mucho más reducidas, las familias menos numerosas y el territorio urbanizable cada vez más escaso, y aunque se ha prolongado la expectativa de vida los recursos van en merma y los estándares de comodidad cada vez más inalcanzables e irreales. Esto lleva a un cambio de mentalidad respecto de la vivienda y ésta dentro de la ciudad y de la sociedad actual, en donde se observa cada vez más un interés en desarrollar y mejorar la calidad del espacio público, como alternativa y desahogo de las áreas sociales de la vivienda a otra escala; es este fenómeno pujante -el de las nuevas dinámicas urbanas que incumben lo social, económico y cultural- capaz de estimular nuevas perspectivas en el pensar y hacer en torno al nuevo modo de habitar el espacio.

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