Otras formas de ocupar el espacio

00_vivir en lo oblicuo

 Oblicuo / declinar

Las formas de ocupar el espacio han sido y son un modelo  estandarizado que, sin intenciones de cambio, re-interpretación o re-formulación,  ha sido  establecido y desarrollado secularmente con variantes sobre el mismo sistema estructural.

El modo de hacer y construir no ha cambiado mucho desde que un gran grupo humano decidió asentarse y establecer un lugar fijo como morada, y de eso se podría hablar de casi seis mil años; es decir,  desde antes de las civilizaciones “estrella” como la egipcia, griega o romana, siendo esta última aun más representativa pues básica y funcionalmente es el sistema que se sigue utilizando a nivel constructivo y de ocupación. Llevamos impreso en el subconsciente, un método de “investidura” del territorio que sigue el mismo patrón: ocupación horizontal, desarrollo vertical, siendo el vertical el de mayor implantación dada las posibilidades tecnológicas y los intereses relativos al desarrollo urbano.

En 1964, Claude Perret y Paul Virilo exponen la hipótesis de la “Función Oblicua” , en donde se enuncia, desde el punto de vista subjetivo (perceptivo) y objetivo (táctil), los principios de esta “revolucionaria” forma de ocupar el espacio, expresada en la escala del territorio y consecuente con el resto de escalas de uso y aplicación, estableciendo un sistema estructural basado en la función oblicua. Es interesante como se exponen de forma tan simple y lógica nuevas formas de uso de los objetos, como el mobiliario y sus relaciones con el espacio oblicuo en la que estructura y mobiliario forman un todo, alternativa contrapuesta al concepto de uso actual de casa/vivienda/museo, lugares donde se acumula mobiliario superfluo de uso contemplativo;  las multiformes percepciones producidas a consecuencia de las posibilidades espaciales que se crean en los espacios oblicuos; la alternativa, quizá sostenible, de la apropiación del territorio acorde con el máximo aprovechamiento.

Las reflexiones sobre el tema ocupan la atmósfera global del entender, sentir y practicar humano, haciendo énfasis en la práctica de la construcción del entorno, la arquitectura y el urbanismo como herramientas capaces de inducir cambios; campos en los que debe, urgentemente, nacer un espíritu de reflexión y acción sobre nuevas posibilidades de habitar el territorio.

Hay una especial conclusión general sobre las reflexiones que fomentan este tipo de teorías, que a grosso modo pueden parecer un tanto naif, si se contraponen al modelo actual, tan cerrado e inflexible, pero que llevan irremediablemente a inferir sobre la decadencia del sistema en cuanto a forma de habitar y la consecuente banalización generalizada del entrono, con lo que es oportuno hacer copia y pega del siguiente párrafo tomado del libro “Vivir en lo Oblicuo” : 

“Todo un nuevo universo estético se desprenderá del hecho de conocer el recorrido (…) En todo caso, podemos ya comprender que ascender mediante pendientes nos permite obtener una MODIFICACIÓN CONSTANTE DEL ESPACIO, por tanto, una LECTURA CAMBIANTE DEL LUGAR. Cosa nada desdeñable si tenemos en cuenta cómo proliferan actualmente las tentativas para remediar el hartazgo que genera el espacio banalizado, por ejemplo, mediante el movimiento o la modificación arbitraria de los elementos que lo componen, destruyendo de esta manera la arquitectura, que se ve sometida al capricho diario del uso y se convierte en algo informe en tanto que no formulado”. (1)

1. Claude Perret .“Vivir en lo Oblicuo”

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