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| Crystal Palace. Fuente Wikipedia. |
El carácter de lo construido no es inocente de participar en los engranajes sociales del mundo, está claro que la representación de lo social, económico y político ven sus formas reflejadas en lo magnánimo de la arquitectura, como respuesta y como fenómeno que por su naturaleza simbiótica refleja metafóricamente su entorno en un paradójico silencio de formas, materiales, estructura y función.
El tema que incita especial interés se gesta en la lectura de “Memorias del subsuelo” del gran Fiódor Dostoievski y la aguda y pertinaz crítica que hace de la obra una respuesta a Chernyshevsky por el carácter utópico y utilitario -de utilitarismo– de sus opiniones sobre lo que representaba el Crystal Palace, expresados en su novela “¿Qué hacer? ”. A través de las opuestas visiones y opiniones de ambos titanes, se quiere en este caso, advertir el valor simbólico de los elementos de nuestro entorno y el significado de lo que a simple vista parecería «inocente», con lo cual se podrían desarrollar interesantes análisis aplicados a nuestra contemporaneidad. Actualmente vemos con mezcla de asombro e impotencia los destapes de las tramas corruptas en la política y sus relaciones con la arquitectura y el urbanismo en lo relativo a los denominados “elefantes blancos” y toda la cadena de marañas que se tejen entorno a éstos objetos “símbolo” de nuestra era tecnológica, obras que actualmente son dignas de ser escrutadas, sometidas a juicio y levantar polémica análoga a la del mencionado edificio. En resumen, se tienen contrapuestas dos opiniones, la visión de Chernyshevsky manifestándose a favor del Crystal Palace, considerándo la obra como un máximo en el desarrollo tecnológico y social, con bases en la fe en el progreso y la posibilidad de alcanzar la felicidad y mejora del hombre a través de la ciencia y la tecnología, y diametralmente opuesto a él tenemos la postura de Dostoievski con la sentencia que define al Crystal Palace como la negación de la personalidad y libertad del individuo.
Por otro lado, en la línea de lo empírico y de la relación de datos, algunos son de interés relativo a trivialidades sobre el levantamiento general del proyecto, podrían pecar a priori de vanos o incluso irrelevates a partir de las críticas antes expuestas: ¿Quién fue Joseph Paxton?, ¿Qué relación existe entre la finalidad de la obra y el momento social?, ¿Quién fue el artífice del proyecto?… En respuesta se pueden elaborar opiniones que siguen la línea de la conjetura sin dejar de tener valor para generar retóricas interesantes; a grosso modo es curiosa la analogía establecida entre el gran espacio acristalado y un invernadero, un ejecutor de proyecto experto constructor de invernaderos y todo lo que a contenedores se refiere como representación de la más pura manifestación de incubadora social; todo salta como destello irreductible de una sociedad de “inmersión” y de la “colonización agresiva del mundo”.
Como consecuencia inherente del interés que ocupa este tema, leer a Peter Sloterdijk:
“Con él comenzó su marcha triunfal a través de la Modernidad una nueva estética de la inmersión. Lo que hoy se llama capitalismo psicodélico ya era un hecho cumplido en ese edificio inmaterializado, por decirlo así, y artificialmente climatizado”.1
“Con su erección, el principio interior sobrepasó un umbral crítico: desde entonces no significó ya una vivienda burguesa o aristocrática, ni su proyección en la esfera de las arcadas comerciales ciudadanas; más bien puso las bases para una transferencia del mundo externo como un todo a una inmanencia mágica, transfigurada por el lujo y el cosmopolitismo. Tras ser transformado en un gran invernadero y centro imperial de cultura reveló la tendencia del tiempo a convertir naturaleza y culturas juntas en asuntos-indoor”.2

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