Paisajes rutinarios, ciudades del día a día.

Un buen día sale usted con su cámara dispuesto a retratar formas exuberantes, edificios destacados, lugares emblemáticos, y se dispone a buscar en el itinerario cada uno de los edificios “estrella” para recorrerlos, disfrutarlos y almacenarlos en la memoria; pero y qué hay de los paisajes rutinarios, aquellos edificios que componen las fachadas anónimas de las calles, edificios que pasan desapercibidos pero que forman parte de nuestro registro cotidiano, de nuestro mapa cognitivo. Cada día nos disponemos a subirnos al medio de transporte que usamos para dirigirnos a nuestro destino rutinario y pasamos de largo, cada día y cada noche, en la ida y en la vuelta, edificios, fachadas, parques, estatuas, vallas, torres, elementos, al fin y al cabo, que componen nuestras ciudades y que configuran aquello que reconocemos de nuestro entorno; ese entorno que compone el “coro” o “el gran elenco de apoyo” como bien se refiere Hans Ibelings a toda la arquitectura que pasa desapercibida por “común y corriente”. 

En la lectura del articulo “Everywhere in the European urban landscape one finds, alongside some exceptional architecture, an everyday reality. It consists of buildings and environments that occupy
and fill the space between the tiny minority of projects that architectural tourists consider worth a trip or a detour” publicado en la revista A10, Ibelings adjunta una serie de imágenes que bien podrían pertenecer a una misma ciudad; producto de sus viajes, realiza una comparativa de distintas ciudades europeas en las que son retratadas calles, avenidas con sus edificios y elementos urbanos anónimos, en las que no destaca ningún edificio “hito”; se trata de calles y edificios que figuran como desconocidos y anónimos elementos como parte de un gran puzle en donde aún no se llega al centro de atención.

Estas imágenes pueden ser también un ejemplo de aquello que define básicamente al urbanismo sempiterno en los conceptos que han edificado a toda Europa y que con los nuevos preceptos tan en boga como la “globalización” bien podría decirse que global siempre ha sido este continente; aunque ciertamente el término es muy extenso; es curioso descubrir que en todas las ciudades europeas, salvo algunas características particulares, se producen con el mismo principio urbanizador, estableciéndose así una imagen homogénea y similar en todas las ciudades del continente. A este respecto no solo los centros urbanos se parecen, también las periferias, los pueblos de carretera o los asentamientos residuales; el crecimiento y desarrollo de las ciudades bien podrían considerarse como el producto de un entender que radica no solo en las cuestiones culturales y sociales sino en la conciencia colectiva como respuesta automática frente al entorno, una respuesta que deriva de un modo de “hacer” análogo en las regiones europeas, lo que anima a preguntarnos si son estas respuestas en cónsona relación con el medio o con los factores urbanizadores.

Además de las sugerentes imágenes de Ibelings podemos hacer un recuento mental de los paisajes visitados por distintas ciudades de europa, aquellos pueblos dejados atrás en un viaje en tren o aquellos asentamientos que viven al margen de una vía alterna que funcionan como urbanización periférica o ciudad dormitorio.

 

“The route to an exceptional building is as important as the destination itself”

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En cuanto a la percepción, se puede decir que los paisajes rutiarios constituyen lo que Manuel de Solá denomina el “inconsciente urbano” aquello que el individuo “a menudo disimula las áreas que no quiere reconocer, por incómodas, confusas, conflictivas”; aunque en este caso no se habla de zonas conflictivas, bien podría asociarse al fenómeno del inconsciente como un proceso en el que las acciones siguen un camino preestableicido bien por la repetición de acciones, automáticas, o porque no son relevantes y por tanto no son “pensadas”, y dado a que el paisaje existe desde la percepción, la calificación de rutinario sobre el paisaje incide en aquello que tenemos como preesteblecido en la configuración del entorno, así, no existiendo elementos simbólicos o relevantes, el entorno se muestra continuamente homogéneo; pero al contrario ¿podríamos vivir en ciudades en las que la estimulación sea parte del entorno y en la que el paisaje enardezca constantemente los sentidos?  

(*) Imágenes de la revista A10 del artículo: Everywhere in the European urban landscape one finds, alongside some exceptional architecture, an everyday reality. It consists of buildings and environments that occupy
and fill the space between the tiny minority of projects that architectural tourists consider worth a trip or a detour.

 

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