Kitsch Cash

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«Antes de que se nos olvide, seremos convertidos en kitsch.

El Kitsch es una estación de paso entre el ser y el olvido». 

Milan Kundera, La Insoportable Levedad del Ser

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El kitsch desde el foco social-psicológico es la forma de un sentimiento base, común en término de masas, estimulante que configura un estado de expectación representado en todos los aspectos de la cotidianidad. Es la imagen de un sentimiento que se traduce en manifestaciones de distintos ámbitos y contextos. La imagen creada es, en si misma, camaleónica, espectral, polivalente, adaptable, mutable y siempre presente pues como imagen es la que construye nuestro mapa cognitivo, base que establece los referentes donde se establecen directrices y se marcan pautas.

 

En el rin del debate, el término Kitsch se balancea desde la denominación de arte barato, de imitación y pretensión de ser, hacia el formalismo conceptual de una expresión estética, de lo que cabe decir es en sí misma pretenciosa, así en este vaivén que data del siglo XIX para referirse a lo vulgar, llega a nuestra contemporaneidad como el menú del día en casi cualquier lugar del mundo bajo distintas formas de expresión catalogadas como arte, estilo, valor, fenómeno estético.

 

El eclecticismo estético presente en la era posmoderna trajo las múltiples posibilidades de conjugación entre las manifestaciones culturales y creó nuevas tendencias palanqueadas en gran parte por la globalización, término que acuña la racionalización de la conducta de las masas, una regularización de la imagen y la estandarización de procesos; así la nueva revolución posmoderna, producto del consumo, del cambio de los sistemas de producción nos deja un amasijo cultural, indefinido, mutante y cambiante a la velocidad de la transmisión de datos; entonces lo global hace equivalencia de las expresiones de distintos ámbitos de diferentes latitudes con misma apariencia independientemente del lugar donde se manifieste, de esta forma no hay origen definido, las corrientes surgen en un ambiente paralelo que es común a todos y se manifiesta en el colectivo de forma homogénea; Milan Kundera lo define desde la línea de lo psicosocial así: «En el imperio del kitsch totalitario las respuestas están dadas de antemano y eliminan la posibilidad de cualquier pregunta. De ello se desprende que el verdadero enemigo del kitsch totalitario es el hombre que pregunta».

 

Estos procesos, como se ha mencionado antes, son en parte resultado del sistema productivo, la industrialización, y como consecuencia de éste los medios de difusión han tenido un papel preponderante, a su vez apoyados en la infraestructura de la velocidad y su ubicua red de terminales que han sido capaces de gobernar hasta los nano rincones, polinizando tendencias, estilos e incluso actitudes. Theodor Adorno, hacia 1930 teorizó sobre el Kitsch y lo entendía como «la industria de la cultura»pues era producto de una necesidad de mercado que a su vez convertía a la población en pasivos receptores. Sin embargo la vertiginosa idea del fenómeno como hecho contemporáneo pisa el freno al toparse con el concepto de Hermann Broch sobre el Kitsch, también hacia 1930: «Toda época de desintegración de valores fue también una época de kitsch», lo que hace suponer que el Kitsch siempre ha existido y que a partir de la contemporaneidad hemos sido capaces de transformar la percepción sensible y empírica del fenómeno manipulándolo, desarmándolo, desfragmentándolo, producirlo, re-producirlo, consumirlo, digerirlo y sin embrago no tener certeza de qué es exactamente. 
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